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Discopatía degenerativa

¿Qué es?

Una espalda sana y joven tiene 24 vértebras, que se encuentran unidas por “esponjas” de tejido amortiguador entre cada una que le da flexibilidad a la espalda, que se conocen como discos intervertebrales. Estos discos absorben el impacto entre los huesos de la espina dorsal y sirven para que la espalda se mantenga en movimiento además de darle soporte y protección. Como parte normal del envejecimiento, los discos intervertebrales inician un proceso degenerativo, al cual se le llama también “enfermedad degenerativa discal”, en ciertas traducciones del inglés.

Casi todos manifiestan cierto grado de desgaste de los discos intervertebrales con el paso de los años. Los estudios de imágenes de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) indican que por lo general después de los 60 años ocurre la degeneración de los discos, pero no todos sienten dolor de espalda. En ciertos casos, los mismos pueden colapsarse completamente, resultando en el roce de las vértebras unas contra otras, lo que origina el dolor y la rigidez propias de la osteoartritis (OA).

A aquellas personas, cuyo desgaste de los discos intervertebrales genera dolor que no se puede atribuir a otro trastorno, se les diagnostica discopatía degenerativa.

¿Cuál es la causa?

En realidad no se trata de una enfermedad, sino de un trastorno en que el dolor lo produce un disco intervertebral que se ha malogrado.

Diversos factores pueden causar la degeneración de los discos, además de la edad. Algunos de ellos son:

  • Que el disco intervertebral se reseque. Con los años, el tejido se  va secando y ya no amortigua como antes.
  • Actividades cotidianas y deportes que puedan rasgar el exterior del disco.
  • Lesiones que provoquen hinchazón, dolor e inestabilidad.
  • A diferencia de otros tejidos del cuerpo, el flujo sanguíneo a este tejido es muy limitado, así que una vez dañado, no se puede regenerar, por lo que los discos intervertebrales se empiezan a deteriorar.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas por lo regular se centran en la espalda baja o en el cuello, dependiendo de la localización del disco o discos afectados. Los más comunes son:

  • Dolor persistente a severo e incapacitante.
  • Dolor en espalda baja, glúteos y muslos.
  • Dolor de cuello que puede irradiar a brazos y manos.
  • Dolor que empeora al sentarse.
  • Dolor que empeora al inclinarse, levantarse o girarse.
  • Dolor que disminuye al caminar y moverse.
  • Dolor que disminuye al cambiar de posición a menudo o al recostarse.
  • Periodos de dolor severo intermitentes, que va de unos cuantos días a unos cuantos meses.
  • Adormecimiento y hormigueo de las extremidades.
  • Debilidad en los músculos de la pierna o caída del pie puede señalar daño en la raíz del nervio.

¿Cómo se diagnostica?

La base para el diagnóstico es efectuar un reconocimiento físico y tomar el historial clínico, el cual debe incluir la descripción de los síntomas y las circunstancias en que inició el dolor. Un MRI podría mostrar daño en los discos, pero por sí solo no puede confirmar discopatía degenerativa.

Opciones de tratamiento 

Todos los médicos coinciden en que controlar el dolor, independientemente del origen, precisa de ejercicio para aumentar la fortaleza y la flexibilidad de los músculos que rodean y soportan la espina dorsal. El ejercicio incrementa el flujo sanguíneo a la espalda, lo cual nutre las articulaciones y los músculos con oxígeno y nutrientes, mientras elimina destructivos productos inflamatorios de desecho.

Las opciones de tratamiento que junto con la actividad física y el ejercicio fomentan la fortaleza de la espalda son:

  • Terapia física.
  • Medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE) como ibuprofeno o naproxeno y analgésicos como acetaminófeno.
  • Cirugía, como la de reemplazo con implantes o fusión de la espina.
  • Terapia de calor y fío.
  • Movilización espinal.

Autocuidado

Además de las indicaciones del doctor, realizar la cantidad adecuada de actividad física y fortalecer los músculos que soportan la columna, usted puede manejar este trastorno de otras maneras. Opte por mejoras en su estilo de vida, como alimentarse con una dieta nutritiva, dejar el tabaco, y atender los efectos físico y emocional de vivir con una afección musculo esquelética. Las técnicas de auto cuidado abarcan las decisiones que tome diariamente para mantenerse sano.

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